Un tono con un pitch más alto (agudo) hacen que se perciba al sujeto -dueño de la voz- como nervioso, menos confiable y menos empático.
Un todo de voz grueso (grave), hablando rápido y fuerte, con pocas pausas, y algunas variaciones en el volumen, hacen que se perciba al sujeto como enérgico, inteligente e informado.
Por cierto, si hay dos sujetos en un debate, ambos con pitch de voz agudo... uno de los dos será percibido con voz más grave... por tanto más enérgico, inteligente e informado.
Pero el look es más importante que el tono de voz.
El 26 de septiembre de 1960 se realizó el primer debate televisado de los candidatos presidenciales Kennedy y Nixon en Estados Unidos. 70 millones de personas lo vieron. Otros millones más lo escucharon por la radio.
John F. Keneddy venía de hacer campaña en California. Había podido descansar. Se lo veía relajado. Tostado por el sol. Radiante. Pero tenía una voz más aguda que su contrincante.
Richard M. Nixon venía de hacer campaña hasta la víspera. Había sido hospitalizado por una infección en su rodilla hacia poco. Se lo veía consumido. Pálido.
Un estudio publicado en Broadcasting dijo que quienes habían visto el debate consideraron que JFK lo había ganado. Que quienes habían escuchado el debate, consideraron que Nixon lo había ganado.
Estas conclusiones se validaron con otro estudio realizado en el 2003 (usando el mismo debate y dos grupos: televidentes y oyentes).