lunes, junio 17, 2013

Decir que la Ley de Comunicación -por sí- censura, coarta, limita,  la libertad de expresión es una hipérbole.

Como diría Benedetti en Corazón Coraza..."porque te miro y muero".

Decir que la Ley de Comunicación democratiza la comunicación es generalización apresurada.    Una cosa es la democratización del espectro radioeléctrico (o de los medios) y otra la democratización de la comunicación.

Por último, esta ecuación de más información = más libertad = más democracia.  Esto es producto del racionalismo de los siglos 17 y 18 que enfatizó en la adquisición del conocimiento... pero... ¿si tengo más información, entonces soy más libre?

Si tengo cero información... entonces ¿no soy libre?

Si más información = más libertad;
Y más libertad = más democracia;
entonces más información = más democracia.
No estoy tan seguro de esto.  Llega un punto dónde más información es demasiada.  Abruma.  Aburre. Descontextualiza.

Sobre el tema,  Ignacio Ramonet hace un buen análisis en "La Tiranía de la Comunicación".  Dice "¿no estamos sobre un punto cero, en el que, aunque añada información, mi libertad no aumenta?"

Creo que es cierto sostener que más información = más entropía.

Sobre este marco, sustentado en la Teoría de la Información de Shannon y Weaver, el tema es que el mensaje (constituido sobre la información) tiene muchas variantes.  Muchas versiones.  Muchos sentidos.  Y quien tiene poder sobre esos sentidos es el receptor, no el emisor.

Recurro a Ramonet en la misma obra "Finalmente, el poder es el control de la información, es el control de la circulación de la comunicación".

Lo he dicho antes.  Lo que está en juego no son las frecuencias, son las audiencias.  No son los medios, contenedores, son los contenidos.










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