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jueves, junio 07, 2012

Cristina Páez me invitó a escribir para su revista Insights.    Le propuse crear una columna llamada HISTORIAS DEL CUARTO PODER.  Esta es la primera historia.


HISTORIAS DEL CUARTO PODER (1)

Del dicho al hecho, la distracción.

5 de febrero de 1998.  El presentador del magazine Mixer de la RAI-2, Gianni Minoli,  inició el programa anunciando tener documentos que revelaban que los resultados del referéndum italiano de 1946 habian sido falseados.  Al parecer el juez Sansovino y otros miembros del tribunal habían falseado la decisión popular de abolir la monarquía y constituirse república.

Con Italia conmocionada, al final del programa, Minoli explicó que todo había sido falso.  Excepto la emoción que sentían los italianos.  

¿Es la prensa el cuarto poder? ¿El cuarto poder que se opone, juzga, calibra, a los otros tres definidos por Montesquieu? ¿La prensa el segundo, después de lo financiero, como propone Ignacio Ramonet?

Y ¿qué es verdadero, o falso, en una transmisión televisada? ¿en una noticia? ¿el hecho o la expresión del hecho?

En mayo 2006 publiqué La Sociedad Karaoke.  Decía que "si te ví, existes.  Si no te ví, no existes".  Son los titulares de los diarios y las notas de los noticieros las que validan los hechos.  No son los hechos por sí, son las expresiones públicas de esos hechos.

En los medios, hoy, hay tres realidades paralelas.  Primero, que más importan las imágenes que los hechos.  Si un hecho no tiene imágenes, entonces no existió.  Segundo, que las imágenes deben generar emociones en los televidentes.  Si la emoción que alguien siente viendo el noticiero el real, entonces el hecho es real.  Tercero, que los medios imitan a los medios.  Si lo dice un diario y lo repite la tele, entonces es cierto.

Con ese marco se entiende que el genocidio en Ruanda de 1994 no tuviera mucha exposición mediática.  No habían imágenes de los hutus exterminando a los tutsis.  En el otro extremo del mismo ejemplo, la Guerra del Golfo.  Muchas imágenes, en vivo y en directo.  Y con la imagen, la inmediatez.

Instantáneo.  En vivo y en directo.  En tiempo real.  La televisión ha influido notablemente en la velocidad de acceso a la información -léase las imágenes del hecho-.  Y las redes sociales y el periodismo ciudadano (periodismo 3.0) incluso disminuyen más el ciclo de vida de una noticia.

¿Y los periodistas?  Ya no son los únicos que generan información.  Toda la sociedad, desde sus smartphones, emiten opiniones e información.  Esto ha modificado el concepto de informar.  De opinar.  Antes, informar era describir un hecho y aportar parámetros contextuales para comprender su impacto.  Ahora, informar es hacer vivir al oyente, lector o espectador el acontecimiento.

Es como una revolución conceptual.  Y es una simplificación.  Todo acontecimiento, por complejo que sea, se convierte en una simpleza, una reducción, casi una abreviatura.  El caso Clinton - Lewinski pasó a ser "Bragueta Bill"; los acuerdos entre Israel y el Estado Palestino pasaron a ser el apretón de manos de Arafat y Rabin;  la sublevación policial de septiembre pasó a ser 30S.

¿Dónde queda el debate entre la prensa y el poder? El poder no está en el poder (o quien lo ostenta).  El poder tampoco está en los medios -sean escritos, radiales, televisivos, nacionales, comunitarios o estatales-.  El poder está en el contenido.  En la distribución del contenido.  En la mimetización del contenido.  Y esto, el contenido, está más cerca de las relaciones públicas y la propaganda.

Gianni Minoli terminó el programa Mixer del 5 de febrero de 1998 justificando el montaje.  "Quisimos demostrar cómo puede manipularse la información televisada..." concluyó.

O como dice Ramonet, "el telediario no está hecho para informar, está hecho para distraer".