lunes, julio 27, 2015

En el 2006 publiqué La Sociedad Karaoke, de la mano de Quimera Ediciones. Inmediatamente después participé con una charla en la Feria del Libro de ese año.

Pues se viene la nueva Feria Internacional del Libro, esta vez de la mano de Expoplaza, la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil y el aval de AFIDA. Entonces desempolvé la ideas que titulé "MKT para Libros y Autores" y las revisé para comentar sobre ellas.

Creo que aun funcionan.

¿Cuál es la diferencia entre vender libros o cultura –si queremos ser más doctos- y vender detergentes? ¿cuál es la diferencia entre vender arte y vender un aspirante a presidente?

Creo que no hay diferencias.

Bueno, hay… pero desde la óptica del comprador, consumidor, elector, no hay.  Porque  como toda tendencia –desde suicidios masivos hasta los nuevos estilos de peinados- las lecturas que escogemos son seleccionadas según patrones de conducta básicos.

Ideas, modas, conductas y nuevos productos se propagan (o se difunden) de la misma manera que los virus -como la gripe-.   Y en este proceso de difusión, la publicidad no cuenta o cuenta muy poco.

Tres ejemplos: Salman Rushdie y Los Versos Satánicos; Dan Brown y El Código DaVinci; Umberto Eco y Número Cero.

Hasta ahí la teoría general. Hablemos ahora de arte, literatura, pintura, música, danza y autores y artistas.  Es más, hablemos de estética.   Y de la estética de quienes aceptan el reggaeton o perreo como música. 

O lo artístico que es colgar -en el comedor- un póster de perros jugando al póker, con pas-par-tú concho-de-vino... de gamuza.

¿Kistch

¿Muy kistch? ¿o me dirán que el populum tienen un gusto estético terrible -de allí que no nos compren cuando escribimos nuestras obras-? 

La diferencia entre hermoso y horrible está en el objeto, ¿verdad? 

La diferencia entre vulgar y de buen gusto está en el objeto, ¿están de acuerdo? 

Bueno, en realidad el juicio estético es cuestión de distinción.    No de ser un distinguido gentleman, no.  De ser diferente.   El arte (pintura, literatura, teatro)  es un bien.  Pero es casi commodity… ese es el problema… ¿Y cómo se vende un commodity con un buen precio? ¿Cómo haces deseable un commodity?

Le pones una marca. 

¿Y cuál es el precio adecuado?

En palabras de Renoir: “Mete esto en tu cabeza, realmente nadie sabe nada sobre ello. Sólo hay un indicador que revela el valor de una pintura, y ese es el salón donde se vende”.

Si es kistch, ¿es más barato? ¿si es una edición especial, hard cover, es más caro? ¿O el texto, la cultura, el arte, debiera ser gratuito?

Usted, ¿qué cree?




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