jueves, marzo 03, 2016

El Eco del Reptil

Como sostienen Clotaire Rapaille y Andrés Roemer en “Moving Up”, la biología no distingue el bien del mal sólo distingue lo que funciona de lo que no funciona.  Y desde la perspectiva biológica, todos los seres humanos -franceses, ecuatorianos, chinos, árabes, usted y yo- estamos programados para sobrevivir y perpetuar la especie.  Esta programación instalada en nuestro cerebro reptiliano supera cualquier acción racional.  

Alrededor de 1970, Paul D. MacLean -neurocientífico estadounidense- desarrollo su teoría del cerebro triple (triune brain, en ingles).  De acuerdo a MacLean, todos tenemos tres cerebros:  el reptiliano -dónde se alojan la reproducción y la supervivencia-; el límbico -dónde se alojan la memoria, el comportamiento las emociones y la motivación-; y el neocortex -dónde está la adquisición de lenguaje, la percepción, e interpretaciones del mundo circundante-.

La manera en que el cerebro reptil -instintivo- interactúa con los cerebros límbico y neocortex -racional- determina nuestro comportamiento.  Pero insisto, el instinto siempre vence a la razón.

El cerebro reptiliano es el que llevó a los sobrevivientes de los Andes al canibalismo.  Es el responsable de la mordedura de Tyson a la oreja de Holyfield.  El cerebro reptiliano es el responsable del affair entre Bill  y Mónica.  Desde la perspectiva social, el canibalismo está rechazado.  Igual la pelea injusta o la infidelidad.

Esto es interesante.  Desde la perspectiva biológica, la reproducción no tiene convencionalismos sociales y el espécimen macho de la especie homo sólo busca sexo.   Desde la perspectiva biológica, mientras más sexo, con más especímenes hembra de la misma especie, mayor probabilidades de perpetuarse.  Pero desde la perspectiva emocional (límbica) o racional (neocóertex) esto no estaría bien.  ¿O sí?

La respuesta es depende.  Si una chica tibetana llega a casa y dice “estoy enamorada!” la primera pregunta que recibe es “¿de cuántos hombres?”.  Entre las culturas esquimal, awas de Brasil, inuit de Tibet, o yunnan de China, la poliandria es correcta porque así el cerebro limibico adapta los estímulos del cerebro reptiliano al entorno.

  Otro ejemplo es la aprobación de la poliginia (un hombre y varias esposas) en Paraguay luego de la guerra de la Triple Alianza.  Después de la guerra con Argentina, Brasil y Uruguay -circa 1870-, Paraguay tuvo una importante escasez de hombres.  El gobierno entonces decretó la política de “amor libre” para repoblar el país.

Y cuando la poliginia es llevada a la cultura y forma parte de sistemas de referencia, es el neocortex aceptando el instinto modificado por el entorno y dandole un lugar apropiado en las vidas de las personas.

Todo esto también revela otra interesante coincidencia.  Así como las personas, las culturas tienen tres cerebros.  No es lo mismo el amor en Francia, el amor en Noruega y el amor entre tribus de Nueva Guinea.  No es lo mismo hablar de sexualidad en Brasil -país desinhibido y expresivo- que hablar de sexualidad en Ecuador -país con una cultura más represiva cuando se trata de desnudez del cuerpo-.

No es lo mismo la campaña de Nike en Estados Unidos -país reptiliano en su concepción del tiempo y el espacio-; que un Just do it en Latinoamérica -región  más límbica-.  Para los estadounidenses, el tiempo es ahora.  Los latinoamericanos, en cambio, funcionamos en el mañana.    

Por cierto, la pura biología no es suficiente para garantizar la supervivencia de la persona.   Llevar a una mujer esquimal -con su poliandria- a un país islámico garantiza lo opuesto a su supervivencia. 

Finalmente, cuando el marketing entiende cómo la cultura adapta el instinto reptiliano -de reproducción, reconocimiento, placer- funciona.  No en vano en Starbucks identifican la taza de café que compraste con su nombre, vocean su nombre para dársela y le sonríen al entregársela.    Usted compró una identidad, ellos vendieron un café a un precio alto.

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